¿Quién fue Abraham y por qué es el padre de la fe?
Abraham es uno de los personajes centrales de la Biblia. Dios lo llamó a dejar su tierra y su parentela para dirigirse a un lugar que todavía no conocía, prometiéndole una descendencia numerosa, una gran nación y bendición para todas las familias de la tierra. Su historia se desarrolla en el libro de Génesis, principalmente entre los capítulos 11 y 25, y ocupa un lugar fundamental en el origen del pueblo de Israel.
Sin embargo, la importancia de Abraham en la Biblia va más allá de ser el antepasado de una nación. El Nuevo Testamento lo presenta como ejemplo y padre espiritual de quienes creen, tanto judíos como gentiles, porque confió en la promesa de Dios y respondió con obediencia.
Su fe no fue perfecta ni estuvo libre de temores: Abraham también dudó, tomó decisiones apresuradas y esperó durante años antes de ver cumplido lo prometido. Precisamente por eso, su historia permite comprender que la fe bíblica no consiste en no tener debilidades, sino en aprender a confiar en la fidelidad de Dios.
- ¿Quién fue Abraham según la Biblia?
- ¿Qué significa el nombre Abraham?
- La historia de Abraham en la Biblia
- ¿Qué promesas hizo Dios a Abraham?
- ¿Por qué Abraham es llamado el padre de la fe?
- Abraham tuvo fe, pero también cometió errores
- La importancia de Abraham en el resto de la Biblia
- ¿Qué enseña la vida de Abraham a los creyentes?
- Preguntas frecuentes sobre Abraham
- Reflexión final: Abraham creyó y aprendió a obedecer a Dios
¿Quién fue Abraham según la Biblia?

Según la Biblia, Abraham fue hijo de Taré y descendiente de Sem. Originalmente se llamaba Abram y vivió con su familia en Ur de los caldeos. Taré salió de aquella ciudad acompañado por Abram, Sara y Lot con la intención de dirigirse a Canaán, pero el grupo se estableció en Harán, donde Taré murió. Más adelante, Dios llamó a Abram a dejar aquella tierra y continuar el viaje hacia el lugar que le mostraría.
Abraham tenía 75 años cuando salió de Harán acompañado por su esposa Sara, su sobrino Lot y las personas que formaban parte de su casa.
Después de llegar a Canaán, recorrió distintos lugares, levantó altares e invocó el nombre de Dios. Aunque recibió grandes promesas, también enfrentó años de espera, conflictos familiares, temores y pruebas que marcaron el desarrollo de su fe.
Entre sus hijos, Ismael e Isaac ocupan un lugar central en el relato bíblico. Ismael nació de Agar, mientras que Isaac fue el hijo que Dios había prometido a Abraham y Sara. Más adelante, Abraham también tuvo otros hijos con Cetura. Por su papel en el origen del pueblo de Israel, es reconocido como uno de los patriarcas del Antiguo Testamento, junto con Isaac y Jacob. Su historia principal se encuentra en el libro de Génesis, desde Génesis 11:26 hasta 25:11.
¿Qué significa el nombre Abraham?
El significado de Abram
El nombre original de Abraham era Abram, que suele traducirse como «padre exaltado» o «padre enaltecido». Sin embargo, los estudiosos no coinciden por completo en el análisis de sus raíces y su formación en hebreo. Por eso, esta traducción debe entenderse como una aproximación ampliamente aceptada, no como una definición lingüística indiscutible.
Dios lo llamó Abram durante los primeros años de su historia, desde su salida de Harán hasta los acontecimientos narrados en Génesis 17. El cambio de nombre ocurrió cuando Abraham tenía 99 años y todavía esperaba el nacimiento del hijo prometido a Sara.
Por qué Dios cambió su nombre a Abraham
Según Génesis 17:5, Dios cambió el nombre de Abram a Abraham y declaró que lo había puesto por «padre de muchedumbre de gentes». Aunque la formación lingüística exacta del nombre continúa siendo discutida, el propio pasaje bíblico relaciona directamente el nuevo nombre con la promesa de que de Abraham procederían naciones y reyes.
El cambio no fue un simple ajuste de sonido, sino una señal visible de una nueva etapa en el desarrollo de las promesas que Dios ya le había hecho. En el mismo encuentro, Sarai recibió el nombre de Sara y fue incluida expresamente en la promesa del hijo. Ambos nombres quedaron vinculados con lo que Dios realizaría por medio de su descendencia.
La historia de Abraham en la Biblia
El llamado de Abraham aparece después de la dispersión de los pueblos narrada en la Torre de Babel. A partir de ese momento, Génesis concentra el relato en una familia mediante la cual Dios llevaría bendición a otras naciones.

El llamado de Dios y la salida hacia Canaán
La historia de Abraham continúa en Génesis 12:1-9, cuando Dios le ordenó dejar su tierra, su parentela y la casa de su padre para dirigirse al lugar que le mostraría. Junto con el llamado, Dios prometió hacer de él una gran nación, bendecirlo, engrandecer su nombre y convertirlo en bendición para todas las familias de la tierra.
Abram tenía 75 años cuando salió de Harán acompañado por Sara, Lot, sus posesiones y las personas que habían adquirido allí. Al llegar a Canaán, se dirigió a Siquem, donde Dios se le apareció y prometió entregar aquella tierra a su descendencia. Aunque los cananeos todavía habitaban la región y Abraham aún no poseía la tierra, respondió edificando un altar a Dios.
Después continuó hacia la región montañosa situada entre Bet-el y Hai, donde levantó otro altar e invocó el nombre de Dios. Hebreos 11:8 interpreta posteriormente su salida como un acto de fe: Abraham obedeció sin saber con precisión adónde iba, confiando en el llamado y en las promesas que había recibido.
Abraham en Egipto y sus primeros errores
Poco después de llegar a Canaán, una hambruna obligó a Abraham a descender a Egipto. Por temor a que los egipcios lo mataran debido a la belleza de Sara, le pidió que dijera que era su hermana y ocultara que también era su esposa. Cuando los funcionarios de Faraón la vieron, la elogiaron ante él y Sara fue llevada a su casa. Abraham, por su parte, recibió ovejas, vacas, asnos, siervos y camellos.
Dios intervino enviando grandes plagas sobre Faraón y su casa. Al descubrir lo sucedido, Faraón reprendió a Abraham por no haber declarado que Sara era su esposa, se la devolvió y ordenó que ambos fueran enviados fuera de Egipto con todo lo que poseían.
Este episodio muestra que la Biblia no presenta a Abraham como una figura sin defectos. Aunque Sara era también su pariente, Abraham utilizó una verdad incompleta para ocultar su matrimonio y proteger su propia vida, exponiéndola a ella al peligro. Su temor condicionó sus decisiones antes de que aprendiera a confiar más plenamente en la protección de Dios. Lejos de ocultar esta debilidad, el relato la conserva como parte real de su proceso de fe.
La separación de Abraham y Lot

Con el tiempo, las posesiones de Abram y Lot aumentaron tanto que la tierra no podía sostenerlos mientras permanecieran juntos. Además, comenzaron a producirse conflictos entre los pastores de ambos. Para evitar que la disputa continuara, Abram propuso separarse y permitió que Lot eligiera primero hacia dónde dirigirse: si él escogía un lado, Abram tomaría el contrario.
Lot eligió para sí la llanura del Jordán, una región bien regada, y fue trasladando sus tiendas hasta las cercanías de Sodoma. Abram, en cambio, permaneció en la tierra de Canaán. Después de la separación, Dios reafirmó que entregaría a Abram y a su descendencia toda la tierra que podía contemplar, y que haría su descendencia tan numerosa como el polvo de la tierra.
Tiempo después, una coalición de reyes derrotó a Sodoma y tomó cautivo a Lot junto con sus bienes. Cuando Abram recibió la noticia, reunió a los hombres preparados de su casa, persiguió a los invasores y rescató a su sobrino. Al regresar se encontró con Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, quien lo bendijo. Abram, por su parte, le entregó el diezmo de todo lo recuperado.
La promesa de un hijo y el nacimiento de Ismael
A pesar de las promesas recibidas, Abram continuaba sin descendencia y los años seguían pasando. En Génesis 15 expresó ante Dios su preocupación porque no tenía un hijo y un siervo de su casa podía convertirse en su heredero. Dios le respondió que aquel hombre no lo heredaría, sino uno que saldría de él mismo. Después lo llevó fuera, le mostró las estrellas y le aseguró que así sería su descendencia. Abram creyó a Dios, y su fe le fue contada por justicia.
Sin embargo, Sarai todavía no podía tener hijos. Al considerar que Dios no le había permitido concebir, propuso que Abram tuviera descendencia por medio de Agar, su sierva egipcia. Abram aceptó la propuesta y Sarai le entregó a Agar por mujer, una práctica conocida en algunas sociedades del mundo antiguo. Cuando Agar quedó embarazada, surgieron graves conflictos dentro de la familia y finalmente huyó al desierto, donde Dios la encontró y le prometió una descendencia numerosa.
Agar regresó y dio a luz a Ismael cuando Abram tenía 86 años. Aunque Ismael era verdaderamente hijo de Abram y recibió promesas de parte de Dios, no era el hijo que posteriormente Dios anunció de manera específica para Abraham y Sara. El relato muestra así las consecuencias de intentar resolver mediante una decisión humana aquello cuyo cumplimiento todavía debían esperar.
El nacimiento milagroso de Isaac

Años después, Dios precisó que el hijo por medio del cual continuaría su pacto nacería de Sara. El anuncio parecía humanamente imposible debido a la avanzada edad de ambos, pero Dios aseguró que Sara tendría un hijo y que este se llamaría Isaac. La promesa se cumplió cuando Abraham tenía 100 años y Sara aproximadamente 90, tal como Dios había anunciado.
El nacimiento de Isaac marcó un momento decisivo en la historia de Abraham. Durante la celebración realizada cuando Isaac fue destetado, Sara vio que Ismael, el hijo de Agar, se burlaba o reía, y pidió que ambos fueran expulsados de la casa. La petición desagradó profundamente a Abraham por causa de su hijo, pero Dios le indicó que escuchara a Sara, porque la descendencia vinculada con el pacto sería llamada por medio de Isaac.
Dios no abandonó a Agar ni a Ismael. También prometió hacer de Ismael una nación por ser hijo de Abraham y los protegió cuando salieron al desierto. De esta manera, Génesis distingue entre la promesa particular que continuaría por medio de Isaac y el cuidado de Dios hacia Ismael y su descendencia.
La prueba de Abraham con Isaac

En Génesis 22, Dios puso a prueba a Abraham ordenándole que llevara a Isaac a la tierra de Moriah y lo ofreciera en holocausto sobre uno de los montes que le indicaría. Abraham obedeció y preparó todo para cumplir el mandato, pero antes de que hiriera a su hijo, el ángel del Señor lo detuvo. Entonces Abraham vio un carnero trabado por los cuernos entre las zarzas y lo ofreció en lugar de Isaac, quien no sufrió daño alguno.
Hebreos 11:17-19 explica que Abraham actuó confiando en que Dios tenía poder incluso para levantar a Isaac de entre los muertos, pues por medio de él continuaría la descendencia prometida. Su obediencia no se apoyaba en comprender cómo resolvería Dios aquella situación, sino en confiar en que la promesa no quedaría anulada.
Algunas interpretaciones cristianas relacionan este episodio con el sacrificio de Jesucristo, especialmente por la figura del hijo y la provisión de una víctima sustitutiva. Sin embargo, Génesis 22 no establece explícitamente esa conexión. Por eso, debe presentarse como una lectura teológica cristiana posterior y no como una afirmación directa del propio relato.
La muerte de Sara y los últimos años de Abraham
Sara murió a los 127 años en Quiriat-arba, es decir, Hebrón. Abraham lloró su muerte y negoció con los hijos de Het la compra de la cueva de Macpela y del campo que la rodeaba. Allí sepultó a Sara y obtuvo la primera propiedad de la familia documentada en Canaán, aunque todavía vivía en aquella tierra como extranjero.
Más adelante, Abraham encargó al siervo principal de su casa que buscara una esposa para Isaac entre sus parientes y que no llevara a su hijo de regreso a la tierra de la cual Dios lo había sacado. El siervo viajó hasta Mesopotamia y regresó con Rebeca, quien aceptó acompañarlo. Isaac la recibió y se casó con ella.
En sus últimos años, Abraham tomó por esposa a Cetura, con quien tuvo otros seis hijos. Aunque también les entregó bienes, dio a Isaac todo lo que poseía y envió a los demás hijos hacia el oriente, dejando clara la posición particular de Isaac dentro de la promesa. Abraham murió a los 175 años, en buena vejez, y sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron junto a Sara en la cueva de Macpela.

¿Qué promesas hizo Dios a Abraham?
Las promesas de Dios a Abraham se revelaron progresivamente a lo largo de distintos encuentros. En Génesis 12, cuando todavía se llamaba Abram, Dios prometió hacer de él una gran nación, bendecirlo, engrandecer su nombre y convertirlo en bendición. También declaró que bendeciría a quienes lo bendijeran y que, por medio de él, serían benditas todas las familias de la tierra. Después de su llegada a Canaán, Dios añadió que entregaría aquella tierra a su descendencia.
En Génesis 13 y 15, estas promesas fueron reafirmadas y ampliadas. Dios aseguró que la descendencia de Abram sería tan numerosa como el polvo de la tierra y las estrellas del cielo. Cuando Abraham expresó su preocupación por no tener un hijo, Dios le confirmó que su heredero saldría de él mismo. En Génesis 15 también estableció formalmente un pacto y delimitó la tierra que entregaría a sus descendientes.
Más adelante, en Génesis 17, Dios cambió su nombre de Abram a Abraham y anunció que sería padre de muchas naciones. Prometió que de él procederían naciones y reyes, reafirmó la entrega de la tierra de Canaán y estableció la circuncisión como señal visible del pacto para Abraham y los varones de su descendencia. En ese mismo encuentro precisó que Sara tendría un hijo llamado Isaac, con quien confirmaría el pacto.
El nacimiento de Isaac fue el cumplimiento visible de una parte central de las promesas: Dios dio a Abraham y Sara el hijo anunciado a pesar de su avanzada edad. Sin embargo, el alcance completo del pacto de Dios con Abraham, su desarrollo posterior y su relación con el resto de la historia bíblica requieren una explicación más amplia en el artículo dedicado específicamente a ese tema.
¿Por qué Abraham es llamado el padre de la fe?
Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia
Génesis 15:6 registra uno de los momentos más importantes de la vida de Abraham: «Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia». En ese momento todavía no tenía al hijo prometido y las circunstancias parecían contradecir la posibilidad de una descendencia numerosa. Sin embargo, Abraham confió en que Dios era capaz de cumplir lo que había dicho.
Su fe no fue un pensamiento positivo ni una confianza indefinida en que todo saldría bien. Tuvo un objeto concreto: la palabra y la fidelidad de Dios. Que su fe le fuera contada por justicia significa que Dios lo consideró justo por medio de esa confianza, no porque Abraham llevara una vida sin errores ni hubiera acumulado méritos suficientes. Además, esto ocurrió antes de que recibiera la circuncisión en Génesis 17, por lo que aquella declaración no dependió del cumplimiento previo de ese rito.
Padre de todos los que creen

En Romanos 4:9-17, el apóstol Pablo utiliza el orden de estos acontecimientos para explicar por qué Abraham puede ser llamado padre de todos los creyentes. Como fue declarado justo antes de ser circuncidado, puede ser presentado como padre espiritual tanto de los creyentes circuncidados como de los no circuncidados que siguen las pisadas de su fe.
Es necesario distinguir esta paternidad espiritual de su descendencia física. Abraham es antepasado del pueblo de Israel por medio de Isaac y Jacob, pero, según el argumento de Pablo, también es padre en el sentido de la fe de judíos y gentiles que confían en Dios. La expresión no significa que Abraham haya originado la fe cristiana ni que ocupe un lugar que corresponda a Dios. Indica que su confianza en la promesa divina se convirtió en un ejemplo fundamental para quienes creen.
La fe de Abraham produjo obediencia
La fe de Abraham no permaneció solamente como una convicción interior. Hebreos 11:8-19 la presenta actuando en distintos momentos de su vida: salió hacia una tierra que no conocía, habitó como extranjero y estuvo dispuesto a ofrecer a Isaac porque confiaba en que Dios podía levantarlo incluso de entre los muertos.
Santiago 2:21-23 señala que esa obediencia demostró que su fe era genuina y llegó a su plena expresión mediante sus acciones. Romanos y Santiago no se contradicen: Pablo enseña que Abraham no fue justificado por obras ni méritos humanos, mientras Santiago explica que la fe según la Biblia no permanece estéril, sino que produce obediencia. Por eso Abraham es llamado padre de la fe: creyó a Dios y, a pesar de sus debilidades, aprendió a actuar conforme a esa confianza.
Abraham tuvo fe, pero también cometió errores
La Biblia no presenta a Abraham como un hombre perfecto ni como alguien que nunca sintió temor. En Egipto pidió a Sara que dijera que era su hermana porque temía que lo mataran debido a ella. Aunque Sara también era pariente suya, Abraham utilizó una verdad incompleta para ocultar que era su esposa y proteger su propia vida. Años después repitió una conducta semejante ante Abimelec en Gerar, lo que demuestra que algunas de sus debilidades persistieron durante su proceso de fe.
También tomó decisiones apresuradas mientras esperaba el cumplimiento de las promesas. Cuando Sara continuaba sin tener hijos, Abraham aceptó tener descendencia por medio de Agar. De aquella unión nació Ismael, pero la decisión produjo conflictos dentro de la familia y no sustituyó el propósito que Dios había anunciado para Isaac.
Abraham tampoco comprendió inmediatamente cómo se cumpliría todo lo prometido. En Génesis 15 expresó su preocupación porque seguía sin tener heredero. Más adelante, cuando Dios confirmó que Sara tendría un hijo, Abraham se postró y se rió al considerar la avanzada edad de ambos. Su reacción reflejó el asombro que le causaba una promesa humanamente imposible, aunque Dios volvió a asegurarle que Isaac nacería en el tiempo señalado.
La fe de Abraham se desarrolló a lo largo de años de espera, errores, pruebas y correcciones. Dios permaneció fiel a su palabra, no porque Abraham fuera moralmente intachable, sino porque el cumplimiento del pacto dependía de la fidelidad divina. Por eso Abraham es recordado como padre de la fe: no porque nunca fallara, sino porque aprendió progresivamente a confiar en Dios y a obedecer incluso cuando todavía no veía el cumplimiento de sus promesas.
La importancia de Abraham en el resto de la Biblia

Abraham y el pueblo de Israel
La línea particular de la promesa hecha a Abraham continuó por medio de Isaac y luego de Jacob, a quien Dios cambió el nombre por Israel. Los doce hijos de Jacob se convirtieron en los patriarcas del pueblo israelita, y de ellos surgió la organización de las tribus de Israel, aunque su distribución posterior incluyó algunas particularidades relacionadas con Leví y con los descendientes de José.
Las promesas hechas a Abraham fueron recordadas y reafirmadas a lo largo del Antiguo Testamento. En distintos pasajes, Dios se presenta como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, una expresión que subraya la continuidad del pacto y su fidelidad a través de varias generaciones. La historia de Israel no comienza únicamente con la formación de las doce tribus, sino con el llamado y las promesas que Abraham recibió.
Abraham y Jesucristo
El Nuevo Testamento conecta explícitamente a Abraham con Jesucristo. Mateo 1:1 inicia su genealogía presentando a Jesús como hijo de David e hijo de Abraham, situándolo dentro de la línea histórica de las promesas. De esta manera, Jesús aparece relacionado tanto con la esperanza real vinculada a David como con la bendición anunciada inicialmente a Abraham.
Gálatas 3:8 recuerda que Dios anunció de antemano a Abraham que todas las naciones serían bendecidas por medio de él. Más adelante, Gálatas 3:16 relaciona la descendencia prometida con Cristo, en quien esa bendición alcanza a personas procedentes de diferentes pueblos. Esto no significa que cada acontecimiento de la vida de Abraham deba entenderse como una profecía directa acerca de Jesús, sino que el Nuevo Testamento presenta a Cristo como el cumplimiento central hacia el cual avanzaban las promesas.
Los creyentes como hijos de Abraham por la fe
Gálatas 3:7 enseña que quienes viven por la fe son hijos de Abraham. Al final del mismo capítulo, Pablo explica que quienes pertenecen a Cristo son descendencia de Abraham y herederos conforme a la promesa. Esta expresión describe una relación espiritual basada en la fe y no una descendencia física.
Abraham continúa siendo el antepasado histórico del pueblo de Israel por medio de Isaac y Jacob. Sin embargo, el Nuevo Testamento enseña que judíos y gentiles que creen en Cristo participan de la bendición anunciada a Abraham. Por eso, su importancia se extiende más allá del libro de Génesis: su historia ayuda a comprender el origen de Israel, el desarrollo de las promesas y la manera en que el evangelio alcanza a todas las naciones.

¿Qué enseña la vida de Abraham a los creyentes?
La vida de Abraham deja enseñanzas que trascienden su contexto histórico. Una de las principales es aprender a confiar en Dios aun cuando no se conocen todos los detalles del camino. Abraham salió de su tierra sin saber con precisión adónde iba, apoyándose en el llamado y en las promesas que había recibido. Su historia muestra también que la fe verdadera conduce a la obediencia, aunque ese proceso puede incluir temores, dudas y dificultades.
Abraham también enseña la importancia de esperar sin intentar acelerar el cumplimiento de las promesas mediante decisiones humanas. Cuando Sara propuso tener descendencia por medio de Agar, Abraham aceptó, pero aquella decisión produjo conflictos dentro de su familia y no sustituyó el propósito anunciado por Dios para Isaac. El relato recuerda así que la impaciencia puede llevar a buscar soluciones que no corresponden al tiempo ni a la manera en que Dios ha decidido actuar.
Al mismo tiempo, su historia demuestra que la fe puede crecer a pesar de los errores. Abraham no comenzó con una confianza perfecta: sintió miedo, tomó decisiones equivocadas y necesitó años de espera, pruebas y correcciones. Sin embargo, aprendió progresivamente a descansar en la fidelidad de Dios y a obedecer incluso cuando no comprendía cómo se cumpliría lo prometido.
Finalmente, la vida de Abraham recuerda que Dios sostiene y cumple su palabra, y que sus propósitos no dependen de la capacidad humana para forzarlos. Esto no significa que cada creyente reciba las mismas promesas de tierra, descendencia o prosperidad material, pues aquellas fueron dadas específicamente a Abraham dentro del plan bíblico. La enseñanza aplicable hoy es el llamado a confiar en Dios, obedecer su palabra y esperar con paciencia, apoyándose en su fidelidad más que en las circunstancias.
Preguntas frecuentes sobre Abraham
¿Quiénes fueron los padres de Abraham?
Según Génesis 11:26-27, el padre de Abraham fue Taré, quien también fue padre de Nacor y Harán. La Biblia no identifica por nombre a la madre de Abraham, por lo que no existe un dato bíblico directo que permita saber quién fue.
¿Cuántos hijos tuvo Abraham?
La Biblia menciona por nombre a ocho hijos de Abraham: Ismael, nacido de Agar; Isaac, hijo de Sara; y Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súa, nacidos de Cetura, según Génesis 25:1-2. Aunque Abraham tuvo varios hijos, Dios estableció que la línea particular del pacto continuaría por medio de Isaac.
¿Abraham fue profeta?
Sí. En Génesis 20:7, Dios identifica expresamente a Abraham como profeta cuando ordena a Abimelec que devuelva a Sara y señala que Abraham oraría por él. Aunque Abraham no dejó un libro profético, mantuvo una relación particular con Dios y ejerció una función de intercesión en favor de otras personas.
Reflexión final: Abraham creyó y aprendió a obedecer a Dios
Abraham fue el patriarca a quien Dios llamó a dejar su tierra y entregó promesas que marcarían el desarrollo de la historia bíblica: una tierra, una descendencia numerosa y una bendición que alcanzaría a todas las familias de la tierra. Su vida estuvo marcada por una fe verdadera, pero también por temores, decisiones apresuradas y largos periodos de espera. A pesar de sus debilidades, Dios permaneció fiel y cumplió su palabra.
Abraham es llamado padre de la fe no porque fuera perfecto, sino porque creyó a Dios y aprendió progresivamente a actuar conforme a esa confianza. Su historia muestra que la fe genuina conduce a la obediencia, aunque puede crecer en medio de errores, pruebas y correcciones.
El fundamento de su legado no fue su propia capacidad, sino la fidelidad de Dios. Las promesas continuaron por medio de Isaac, dieron forma a la historia del pueblo de Israel y, según el Nuevo Testamento, encuentran su cumplimiento central en Jesucristo, por quien la bendición anunciada alcanza también a personas de todas las naciones.
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