¿Quién es Jesús según la Biblia y cuál fue su misión?
La Biblia presenta a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo de Dios que se hizo verdaderamente hombre y el Salvador enviado para reconciliar al ser humano con Dios. No se trata de un maestro más ni de una figura religiosa entre otras, sino del cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del centro de la fe cristiana.
Este artículo explica quién fue Jesús históricamente, qué significan los nombres con los que la Biblia lo identifica, por qué es llamado Hijo de Dios e Hijo del Hombre, en qué consistió su misión, cómo se desarrolló su vida y ministerio, y qué significan su muerte, su resurrección y su función actual. También se responde con claridad si Jesús es Dios y cómo se relaciona con el Padre.

- ¿Quién es Jesús según la Biblia?
- ¿Quién fue Jesús de Nazaret históricamente?
- ¿Qué significan los nombres Jesús, Cristo y Mesías?
- ¿Por qué Jesús es llamado Hijo de Dios e Hijo del Hombre?
- ¿Jesús es Dios o solamente un profeta?
- ¿Jesús es Dios Padre?
- ¿Qué profecías del Antiguo Testamento se relacionan con Jesús?
- ¿Cuál fue la misión de Jesús en la tierra?
- ¿Cómo fue la vida y el ministerio de Jesús?
- ¿Por qué murió Jesús en la cruz?
- ¿Qué significa la resurrección de Jesús?
- ¿Qué sucedió después de la resurrección?
- ¿Por qué Jesús sigue siendo importante para los creyentes?
- Preguntas frecuentes sobre Jesús según la Biblia
- Reflexión final: lo que la Biblia enseña sobre Jesús
¿Quién es Jesús según la Biblia?
El Nuevo Testamento presenta a Jesús como el Mesías prometido, el Hijo de Dios, el Verbo hecho carne, el Salvador y el Señor resucitado. No se trata de títulos aislados, sino de distintas maneras en que los Evangelios y las cartas apostólicas describen una misma identidad: la de Aquel en quien se cumplen las promesas hechas al pueblo de Israel a lo largo del Antiguo Testamento.
Pedro lo confiesa como “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16), reconociendo en él tanto al Mesías esperado como al Hijo de Dios. Juan, por su parte, presenta su origen eterno al llamarlo el Verbo que “era Dios” y que “se hizo carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:1, 14). El ángel que anuncia su nacimiento a los pastores lo identifica directamente como “un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Y los primeros creyentes proclamaron que solo en él hay salvación, pues “no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Esta identidad no surge de manera aislada, sino como cumplimiento de lo que el Antiguo Testamento había anunciado durante siglos: un libertador, un rey y un siervo que traería salvación a su pueblo. Por eso la Biblia no describe a Jesús simplemente como un maestro sabio, un profeta más o un líder religioso influyente. Estas categorías, aunque ciertas en parte, resultan insuficientes para explicar quién es según el testimonio bíblico: Dios mismo, que se hace hombre para salvar.
¿Quién fue Jesús de Nazaret históricamente?

Jesús de Nazaret fue un judío del siglo I que vivió bajo el dominio del Imperio romano. Creció en Nazaret, una pequeña población de Galilea, y desarrolló su ministerio principalmente en Galilea y Judea. Su época estuvo marcada por la ocupación romana y por distintas expectativas mesiánicas dentro del pueblo judío.
Los Evangelios sitúan su nacimiento en Belén e identifican a María como su madre. También presentan a José, esposo de María, como quien asumió su crianza dentro de la sociedad judía. Durante su ministerio público, Jesús enseñó, reunió discípulos y realizó las obras narradas en los relatos evangélicos.
¿Cuándo nació Jesús y cuánto duró su ministerio?
Los datos expresados directamente en los Evangelios deben distinguirse de las fechas aproximadas propuestas por los historiadores. Los relatos bíblicos no indican el año exacto de su nacimiento. Sin embargo, suele situarse entre los años 6 y 4 a. C., principalmente por las referencias relacionadas con el gobierno de Herodes el Grande.
La duración de su ministerio público se estima comúnmente en unos tres años. Este cálculo procede principalmente de las fiestas de Pascua mencionadas en el Evangelio de Juan. Por tanto, ambas fechas son estimaciones cronológicas y no datos indicados de manera explícita por los Evangelios.
¿Qué significan los nombres Jesús, Cristo y Mesías?
¿Qué significa el nombre Jesús?
El nombre Jesús proviene del hebreo Yeshúa, que significa “el Señor salva” o “Dios salva”. No fue un nombre elegido al azar: el ángel que anunció su nacimiento a José explicó directamente su sentido al decir “llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Desde el principio, su nombre está unido a la misión que vendría a cumplir.
¿Qué significan Cristo y Mesías?
Mesías procede del hebreo y Cristo es su equivalente en griego; ambos términos significan “Ungido”. No se trata del apellido de Jesús, sino de un título que lo identifica como el enviado de Dios, consagrado para cumplir una misión de liberación y salvación. Cuando Andrés le dice a su hermano Simón “hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)” (Juan 1:41), y cuando Pedro confiesa “Tú eres el Cristo” (Mateo 16:16), ambos reconocen en Jesús el cumplimiento de la esperanza mesiánica que el pueblo judío había sostenido durante siglos.

¿Por qué Jesús es llamado Hijo de Dios e Hijo del Hombre?
Jesús como Hijo de Dios
El título Hijo de Dios expresa la relación única que Jesús tiene con el Padre y su identidad divina, no un origen creado ni un proceso de generación humana. La Biblia no enseña que Dios lo haya producido en algún momento como se produce a una criatura; enseña que el Padre mismo lo reconoce como su Hijo. En el bautismo, una voz desde el cielo declaró: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:16-17). Juan añade que Jesús “también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18), y el propósito de su Evangelio es precisamente que el lector “creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios” (Juan 20:31).
Jesús como Hijo del Hombre
Hijo del Hombre fue uno de los títulos que Jesús utilizó con mayor frecuencia para referirse a sí mismo, y no equivale simplemente a decir “ser humano”. El título está relacionado con su humanidad real, pero también con la autoridad, el sufrimiento y la gloria que la Biblia le atribuye. Jesús mismo lo vincula a su misión de entrega: “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Esta expresión se conecta prudentemente con la visión de Daniel 7:13-14, donde una figura semejante a un hijo de hombre recibe dominio, gloria y un reino eterno de parte de Dios.
Jesús también empleó este título al retomar la imagen de la escalera de Jacob. En Juan 1:51 declaró que sus discípulos verían el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y descendiendo sobre el Hijo del Hombre. De esta manera, relacionó con su propia persona la actividad celestial que Jacob había contemplado en Betel, presentándose como el centro de la revelación y de la relación entre Dios y la humanidad.
¿Jesús es Dios o solamente un profeta?
Según el Nuevo Testamento, Jesús es verdaderamente Dios y verdaderamente humano. La Biblia reconoce que también fue llamado profeta, pero su identidad no queda limitada a esa función. Es el Hijo eterno de Dios que asumió una naturaleza humana sin dejar de ser divino. Esta unión de lo divino y lo humano en una sola persona se conoce como la encarnación.
¿Qué evidencias presenta el Nuevo Testamento?
Como hombre verdadero, Jesús nació y creció. Sintió hambre, cansancio, tristeza y dolor. También fue tentado como cualquier ser humano, pero vivió sin pecado. Finalmente, murió de manera real, no aparente. Al mismo tiempo, la Biblia le atribuye rasgos que solo corresponden a Dios. Jesús existía antes de su nacimiento humano, recibió adoración sin corregir a quienes se la ofrecían y perdonó pecados por autoridad propia. También ejerció una autoridad que el Nuevo Testamento identifica como divina.
Juan lo expresa desde el inicio de su Evangelio: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros” (Juan 1:1, 14). Cuando perdonó los pecados de un paralítico, los escribas pensaron que blasfemaba: “¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?”. Jesús respondió sanando al hombre para demostrar que tenía esa autoridad (Marcos 2:5-12).
Ante quienes cuestionaban su identidad, Jesús afirmó: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58). Esta expresión evoca el lenguaje de Éxodo 3:14, y sus oyentes la entendieron como una afirmación extraordinaria sobre su identidad. Pablo resume esta realidad al decir que “en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Hebreos también muestra su humanidad sin pecado al afirmar que fue “tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).
Esta doble realidad, Dios verdadero y hombre verdadero, es lo que la Biblia sostiene sobre Jesús. No es necesario entrar aquí en los debates históricos y terminológicos que la iglesia desarrolló siglos después para explicarla con mayor precisión.
¿Jesús es Dios Padre?
Jesús es Dios, pero no es Dios Padre. La Biblia muestra al Padre y al Hijo como personas distintas que se relacionan y hablan entre sí, comparten una misma naturaleza divina, pero no son la misma persona. Jesús mismo distingue claramente entre él y el Padre cuando dice “Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), y en su oración final habla al Padre como a otro: “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti” (Juan 17:1).
Esta distinción de personas dentro de una misma naturaleza divina incluye también al Espíritu Santo, como se ve en la fórmula bautismal que Jesús mismo entregó: “bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19). Comprender cómo se relacionan estas tres personas en un solo Dios corresponde al artículo sobre la Trinidad; aquí basta con aclarar que Jesús, siendo Dios, no debe confundirse con el Padre ni con el Espíritu Santo.

¿Qué profecías del Antiguo Testamento se relacionan con Jesús?
Los autores del Nuevo Testamento presentan constantemente la vida y la obra de Jesús en relación directa con las Escrituras que lo precedieron, mostrando que su venida no fue un hecho aislado sino el cumplimiento de promesas anunciadas siglos antes.
Su nacimiento en Belén
El profeta Miqueas había anunciado que de Belén saldría “el que será Señor en Israel” (Miqueas 5:2). Mateo relaciona directamente el nacimiento de Jesús en Belén con este pasaje, al narrar que los principales sacerdotes y escribas recurrieron a esa profecía cuando Herodes preguntó dónde debía nacer el Cristo (Mateo 2:1-6).
El Rey prometido
Dios había prometido a David que uno de sus descendientes reinaría para siempre: “afirmaré para siempre el trono de su reino” (2 Samuel 7:13). El ángel retoma esta promesa al anunciar a María que su hijo recibiría “el trono de David su padre” y que “reinará... para siempre” (Lucas 1:32-33), presentando a Jesús como el cumplimiento de la esperanza puesta en la casa real de David.
El Siervo que sufriría por otros
Isaías describe a un Siervo que “fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53:5). El Nuevo Testamento relaciona directamente el sufrimiento de Jesús con esta figura: Pedro escribe que “él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24).
¿Cuál fue la misión de Jesús en la tierra?
La Biblia presenta la misión de Jesús como algo mucho más amplio que ofrecer consejos morales o enseñanzas religiosas. Vino, ante todo, para revelar al Padre: “a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo... él le ha dado a conocer” (Juan 1:18). Su predicación estuvo marcada por el anuncio del Reino de Dios, resumido en su primer mensaje público: “el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15). Ese llamado al arrepentimiento y a la fe no fue un añadido secundario, sino el centro de su prédica.
Jesús también vino a buscar y salvar lo que se había perdido, como él mismo explicó tras su encuentro con Zaqueo: “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Esta búsqueda se tradujo en una vida de servicio: “el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45), entregando finalmente su vida para reconciliar al ser humano con Dios, “para que todo aquel que en él cree... tenga vida eterna” (Juan 3:16-17).
¿Cómo fue la vida y el ministerio de Jesús?
El bautismo y la tentación de Jesús
El ministerio público de Jesús comenzó con su bautismo en el río Jordán. En ese momento se manifestó la presencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Espíritu descendió sobre Jesús “como paloma”. También se escuchó una voz desde el cielo que declaró: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:16-17).
Después de su bautismo, Jesús fue llevado al desierto. Allí enfrentó la tentación del diablo durante cuarenta días. Respondió a cada prueba con la Palabra de Dios y no cedió al pecado (Mateo 4:1-11).
El llamado de sus discípulos
Jesús llamó a un grupo de discípulos para que estuvieran con él y aprendieran de sus enseñanzas. También los preparó para participar en el anuncio del Reino de Dios.
Junto al mar de Galilea llamó a Simón y Andrés. Después llamó a Jacobo y Juan, quienes, “dejando luego sus redes, le siguieron” (Marcos 1:16-20).
De ese grupo más amplio, Jesús escogió a doce para que lo acompañaran de manera permanente. Además, los envió a predicar y les dio autoridad para cumplir esa misión (Marcos 3:13-19).
Sus enseñanzas y parábolas
Jesús enseñó con frecuencia mediante parábolas. Estos relatos sencillos, tomados de la vida cotidiana, comunicaban verdades acerca del Reino de Dios.
También pronunció enseñanzas extensas, como el Sermón del Monte. En ellas abordó el amor a Dios y al prójimo, el perdón, la oración, la humildad, el arrepentimiento y la obediencia (Mateo 5-7; Mateo 13).
Cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, Jesús resumió la ley en dos principios. El primero es amar a Dios por completo; el segundo, amar al prójimo como a uno mismo (Mateo 22:34-40).
Sus milagros y señales
Los Evangelios narran numerosos milagros realizados por Jesús. Sanó enfermos, liberó a personas oprimidas, mostró autoridad sobre la naturaleza y resucitó muertos.
Estas obras no fueron simples acontecimientos extraordinarios. Revelaron su autoridad, mostraron su compasión por quienes sufrían y anunciaron la llegada del Reino de Dios.
Cuando los discípulos de Juan el Bautista preguntaron si Jesús era el que había de venir, él señaló sus propias obras. Respondió: “Los ciegos ven, y los cojos andan... y a los pobres es anunciado el evangelio” (Mateo 11:4-5).

¿Por qué murió Jesús en la cruz?
Los Evangelios narran que Jesús fue arrestado y sometido a un juicio marcado por acusaciones falsas. Después fue condenado a morir en la cruz, una forma de ejecución utilizada por el Imperio romano.
- Su muerte fue real e injusta, pero también fue aceptada voluntariamente. Jesús había afirmado que nadie le quitaba la vida, sino que él la entregaba por su propia voluntad (Juan 10:17-18).
- La Biblia no presenta la cruz como una simple tragedia, sino como el centro del plan de salvación. Jesús murió por los pecados y ocupó el lugar de los pecadores. Pedro lo expresa así: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).
- Isaías ya había anunciado esta realidad al describir al Siervo sufriente: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados” (Isaías 53:5). Pablo también resume el corazón de este mensaje al afirmar que “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3).
En la cruz se manifiestan el amor y la justicia de Dios. Su amor se muestra en que “siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Su justicia se revela porque el pecado no queda simplemente ignorado, sino que recibe una respuesta real.
Por eso, la cruz no puede reducirse a una expresión sentimental de amor. Según la Biblia, mediante la muerte de Jesús, Dios abrió el camino para la reconciliación entre él y los seres humanos.
¿Qué significa la resurrección de Jesús?
- Los Evangelios afirman que Jesús resucitó al tercer día después de su muerte. El sepulcro fue hallado vacío y él se presentó vivo ante sus discípulos. Las mujeres que llegaron al sepulcro escucharon la pregunta de los ángeles: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:5-6).
- La Biblia no presenta la resurrección como la simple permanencia de las enseñanzas de Jesús en la memoria de sus seguidores. Tampoco la describe únicamente como un símbolo espiritual. Afirma que Jesús volvió a la vida de manera real y definitiva. Pablo explica que este acontecimiento es esencial para la fe cristiana: “Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe” (1 Corintios 15:14).
- La resurrección confirma la identidad de Jesús como Hijo de Dios y demuestra su victoria sobre la muerte. También fundamenta la fe cristiana y sostiene la esperanza de que quienes creen en él resucitarán. Pablo enumera varios testigos que vieron vivo a Jesús después de su muerte. Entre ellos menciona a los apóstoles y a más de quinientas personas reunidas al mismo tiempo. La mayoría todavía vivía cuando escribió su carta (1 Corintios 15:5-8).
Por tanto, las apariciones de Jesús no se presentan como un testimonio aislado. Según Pablo, fueron confirmaciones repetidas del acontecimiento sobre el cual se sostiene el mensaje del evangelio.
¿Qué sucedió después de la resurrección?
La ascensión y exaltación de Jesús
Durante cuarenta días después de resucitar, Jesús se apareció repetidamente a sus discípulos, hasta que finalmente ascendió al cielo ante ellos, siendo “alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos” (Hechos 1:9). Pablo explica que, tras este acontecimiento, Dios lo exaltó “hasta lo sumo” y le dio “un nombre que es sobre todo nombre”, de modo que toda rodilla se doble ante él (Filipenses 2:9-11).
¿Qué hace Jesús actualmente según la Biblia?
Jesús reina, intercede por los creyentes y actúa como mediador entre Dios y los seres humanos. Romanos 8:34 afirma que está a la diestra de Dios y que también intercede por ellos. Asimismo, Hebreos 7:25 declara que puede salvar perpetuamente a quienes se acercan a Dios por medio de él, “viviendo siempre para interceder por ellos”. La misma carta explica que ejerce este sacerdocio permanente según el orden de Melquisedec (Hebreos 6:20; 7:17). Por eso es llamado “un solo mediador entre Dios y los hombres” (1 Timoteo 2:5).
La promesa de su regreso
El Nuevo Testamento enseña con claridad que Jesús regresará. En el momento mismo de su ascensión, dos ángeles aseguraron a los discípulos que “este mismo Jesús... así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).
Esta promesa está unida a la esperanza cristiana, a la resurrección final de los creyentes y al juicio, temas que se desarrollarán con mayor profundidad en un artículo dedicado específicamente a la segunda venida.
¿Por qué Jesús sigue siendo importante para los creyentes?
La identidad y la obra de Jesús no pertenecen únicamente al pasado. La Biblia las presenta como el fundamento de la fe cristiana en el presente. Por medio de él, los creyentes reciben perdón y reconciliación con Dios. Pablo afirma: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es... y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (2 Corintios 5:17-18).
A través de Jesús, los creyentes también conocen al Padre. Él mismo afirmó ser el único camino hacia Dios: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Además, procuran seguir sus enseñanzas como norma de vida. Su resurrección sostiene la esperanza de una vida futura, y la promesa de su regreso orienta su expectativa. Por eso la Biblia enseña que la salvación se encuentra únicamente en él: “No hay otro nombre bajo el cielo... en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
Preguntas frecuentes sobre Jesús según la Biblia
¿Jesús y Jesucristo son la misma persona?
Sí. “Jesús” es su nombre personal y “Cristo” es el título que lo identifica como el Mesías o Ungido prometido. Por eso, Jesucristo significa Jesús el Cristo. No se trata de dos personas ni de un apellido, sino de una declaración sobre la identidad y la misión que el Nuevo Testamento atribuye a Jesús.
¿Jesús fue creado por Dios?
Según el Nuevo Testamento, el Hijo existía antes de su nacimiento humano y participó en la creación, pues “todas las cosas por él fueron hechas” (Juan 1:3). Colosenses 1:15 lo llama “el primogénito de toda creación”, título que en ese contexto expresa su preeminencia, no que sea una criatura, porque el versículo siguiente afirma que todas las cosas fueron creadas por medio de él. El Hijo no comenzó a existir en Belén (Juan 17:5).
¿Jesús tuvo hermanos y hermanas?
Los Evangelios mencionan hermanos y hermanas de Jesús, hijos de la familia en la que creció. Cuando enseñaba en Nazaret, la gente preguntaba: “¿no se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están también aquí con nosotros todas sus hermanas?” (Mateo 13:55-56). Jacobo, uno de ellos, llegó después a ser líder de la iglesia en Jerusalén.
¿Por qué Jesús oraba si él es Dios?
Jesús no es Dios Padre, y al hacerse verdaderamente humano vivió en obediencia y comunión constante con el Padre. Sus oraciones revelan la relación personal entre el Padre y el Hijo; no demuestran que carezca de naturaleza divina. En su oración final, Jesús mismo distingue esta relación al decir “Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo” (Juan 17:1), mostrando diálogo entre dos personas distintas dentro de la misma naturaleza divina.
Reflexión final: lo que la Biblia enseña sobre Jesús
Jesús es, según la Biblia, mucho más que una figura histórica admirable: es el Mesías anunciado durante siglos, el Hijo de Dios que se hizo hombre y el Salvador que vino a reconciliar al ser humano con su Creador. En él se unen dos realidades que a primera vista parecen imposibles de sostener juntas: una humanidad genuina, que sintió cansancio, dolor y tentación, y una divinidad plena, que perdonó pecados y recibió adoración. Su vida no se agotó en un conjunto de buenas enseñanzas; culminó en una cruz donde cargó el pecado ajeno y en una tumba vacía que confirmó todo lo que había dicho de sí mismo. Por eso, para quienes creen en él, Jesús no pertenece solo al pasado: sigue reinando, intercediendo por los suyos y sosteniendo la promesa de que un día regresará.
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