¿Quién fue Saúl en la Biblia y por qué Dios lo rechazó como rey?
Saúl, hijo de Cis y miembro de la tribu de Benjamín, fue el primer rey de Israel.
Samuel lo ungió después de que el pueblo pidiera un rey, y la victoria de Saúl sobre los amonitas en Jabes de Galaad afianzó su autoridad ante Israel. Años después, Samuel le anunció que su reino no permanecería y, tras su desobediencia en la campaña contra Amalec, que Dios lo había rechazado como rey. Saúl continuó gobernando hasta que murió junto con tres de sus hijos en una batalla contra los filisteos en el monte Gilboa.
Su historia se narra principalmente en 1 Samuel y continúa en los relatos sobre su muerte y sus consecuencias en 2 Samuel 1 y 1 Crónicas 10.

Su rechazo como rey se refiere a su gobierno; esos pasajes no establecen cuál fue su destino eterno. Para comprender su vida, hay que mirar tanto el comienzo de su reinado como las decisiones que marcaron su final.
- El origen de Saúl y el significado de su nombre
- ¿Por qué Israel pidió un rey y cómo fue elegido Saúl?
- Los primeros años del reinado de Saúl
- El primer anuncio de Samuel: el reino de Saúl no permanecería
- ¿Por qué Dios rechazó a Saúl como rey?
- Saúl, Jonatán y David después del rechazo
- La consulta de Saúl en Endor
- ¿Cómo murió Saúl y qué ocurrió después?
- ¿Qué lugar ocupa Saúl en la historia bíblica?
- El peso de las decisiones de Saúl
El origen de Saúl y el significado de su nombre
Saúl era hijo de Cis, un hombre de la tribu de Benjamín descrito en 1 Samuel 9 como valeroso. El relato presenta a Saúl como un joven de notable estatura, más alto que los demás israelitas. Cuando Samuel le habló de lo que le esperaba, Saúl respondió que pertenecía a Benjamín, «la más pequeña de las tribus de Israel» (1 Samuel 9:21).

El encuentro entre ambos comenzó con la búsqueda de unas asnas perdidas de Cis. Saúl salió con un criado y recorrió varias regiones sin encontrarlas. Entonces, por sugerencia del criado, fueron a consultar al hombre de Dios. Antes de que llegaran, Dios ya había anunciado a Samuel que le enviaría a un hombre de Benjamín para ungirlo como príncipe sobre Israel (1 Samuel 9:15–16).
El nombre hebreo de Saúl, שָׁאוּל (Shaúl), se relaciona habitualmente con «pedido» o «solicitado». Aunque Israel había pedido un rey, 1 Samuel no presenta esa petición como la explicación explícita del nombre de Saúl.
¿Por qué Israel pidió un rey y cómo fue elegido Saúl?
Israel pidió un rey cuando Samuel ya era anciano. Sus hijos, a quienes había puesto como jueces, aceptaban sobornos y pervertían el derecho. Por eso, los ancianos fueron a Ramá y le pidieron: «constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones» (1 Samuel 8:5). A Samuel le desagradó la petición. Dios le dijo que, al insistir en tener un rey, el pueblo lo había rechazado a él para que no reinara sobre ellos, pero le ordenó escuchar su voz.
Samuel advirtió a los israelitas que un rey tomaría a sus hijos para su servicio, emplearía a sus hijas y exigiría parte de sus bienes. El pueblo insistió: quería un rey que lo juzgara y saliera al frente en sus guerras (1 Samuel 8:11–20). El relato muestra así la tensión entre la petición de Israel y la respuesta de Dios: él cuestionó la decisión del pueblo y, a la vez, indicó a Samuel que ungiera a Saúl.

La unción y la presentación pública ocurrieron en momentos distintos. Samuel ungió a Saúl en privado y le anunció señales que confirmarían sus palabras. Más tarde reunió al pueblo en Mizpa; allí, la elección por suertes señaló primero a la tribu de Benjamín y finalmente a Saúl. Cuando fueron a buscarlo, estaba escondido entre el bagaje. Lo llevaron ante el pueblo, que lo aclamó como rey (1 Samuel 10:1–24).
Los primeros años del reinado de Saúl

Una crisis en Jabes de Galaad dio a Saúl la ocasión de dirigir a Israel en batalla. Nahas, el amonita, había sitiado la ciudad y exigía sacar el ojo derecho a sus habitantes como condición para pactar con ellos. Cuando la noticia llegó a Gabaa, Saúl volvía del campo. Según 1 Samuel 11, el Espíritu de Dios vino sobre él; entonces cortó en trozos un par de bueyes y los envió por Israel para convocar al pueblo junto a él y Samuel. Advirtió que lo mismo ocurriría con los bueyes de quien no acudiera.
Saúl organizó a los hombres en tres grupos y derrotó a los amonitas. Después impidió que castigaran a quienes antes habían cuestionado su reinado, pues aquel día Jehová había dado la victoria a Israel. En Gilgal, el pueblo renovó el reino ante Dios. Samuel les recordó entonces que tanto el rey como el pueblo debían seguir a Jehová (1 Samuel 11–12).
Los filisteos fueron otro adversario de Israel durante su reinado. En 1 Samuel 14, Jonatán, hijo de Saúl, atacó con su escudero una guarnición filistea; el desconcierto que siguió contribuyó a la victoria de Israel. Ese día, Saúl había prohibido al ejército comer antes del anochecer. Jonatán no conocía la orden y probó miel. Cuando Saúl quiso hacerlo morir por haberla incumplido, el pueblo intervino y lo libró. El capítulo también resume las campañas de Saúl contra Moab, Amón, Edom, los reyes de Soba y los filisteos, y registra sus victorias (1 Samuel 14:24–48).
El primer anuncio de Samuel: el reino de Saúl no permanecería
En 1 Samuel 13, los filisteos se reunieron en Micmas para combatir a Israel. Ante la amenaza, algunos israelitas se escondieron en cuevas, fosos y cisternas; otros cruzaron el Jordán. Saúl permaneció en Gilgal mientras los hombres que lo seguían temblaban. Samuel le había indicado que esperara siete días hasta su llegada para ofrecer los sacrificios y decirle qué debía hacer (1 Samuel 10:8).
Saúl esperó el plazo, pero, al ver que Samuel no llegaba y el pueblo se dispersaba, ofreció el holocausto. Samuel apareció apenas terminó.

Saúl explicó que había actuado porque sus hombres desertaban, Samuel no había llegado dentro del plazo señalado y temía un ataque filisteo antes de haber implorado el favor de Jehová. Samuel le respondió: «Locamente has hecho» (1 Samuel 13:13). Le reprochó no haber guardado el mandamiento de Dios y anunció que su reino no sería duradero. Añadió que Jehová había designado a otro hombre para gobernar a su pueblo (1 Samuel 13:13–14).
El anuncio se refiere al futuro del reino de Saúl: no significa que dejara de gobernar en ese instante. El relato continúa presentándolo como rey, y en este pasaje Samuel todavía no identifica por nombre al hombre que lo sucedería.
¿Por qué Dios rechazó a Saúl como rey?

En 1 Samuel 15, Samuel transmitió a Saúl la orden de Jehová de castigar a Amalec por lo que había hecho a Israel cuando salió de Egipto. Saúl reunió al ejército y atacó a los amalecitas, pero él y el pueblo perdonaron la vida a Agag, su rey, y conservaron lo mejor del ganado. Destruyeron, en cambio, lo que consideraban de poco valor. Jehová dijo entonces a Samuel que Saúl se había apartado de él y no había cumplido sus palabras.
Este episodio es distinto del ocurrido en Gilgal en 1 Samuel 13. Allí Samuel anunció que el reino de Saúl no sería duradero; aquí le comunicó el rechazo de Dios: «Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey» (1 Samuel 15:23). El juicio expresado en el pasaje se refiere a su función como rey de Israel, no establece cuál fue su destino eterno.
La respuesta de Saúl ante Samuel
Cuando Samuel encontró a Saúl en Gilgal, este afirmó que había cumplido la palabra de Jehová. Samuel le preguntó entonces por el balido de las ovejas y el bramido de las vacas que oía. Saúl respondió que el pueblo había conservado lo mejor del ganado para ofrecerlo en sacrificio. Aunque insistió en que había obedecido, reconoció que había traído consigo a Agag. Samuel le contestó: «Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios» (1 Samuel 15:22). La respuesta se dirige a la justificación de Saúl: ofrecer el ganado no sustituía la obediencia a la orden recibida.
Después Saúl admitió que había pecado y dijo que había temido al pueblo y escuchado su voz. Pidió a Samuel que volviera con él. Samuel se negó primero, pero luego lo acompañó, y Saúl adoró a Jehová. Samuel hizo traer a Agag y le dio muerte en Gilgal. Al separarse, Samuel regresó a Ramá y Saúl a Gabaa; según el cierre del capítulo, Samuel no volvió a verlo durante su vida, aunque lloraba por él (1 Samuel 15:24–35).
Saúl, Jonatán y David después del rechazo
Después del rechazo anunciado en 1 Samuel 15, Saúl continuó gobernando Israel. David llegó a su servicio como músico y, tras vencer a Goliat, recibió responsabilidades militares. Sus victorias hicieron crecer su estima entre el pueblo. Saúl, en cambio, comenzó a verlo como una amenaza. La biografía de David desarrolla su recorrido; en la historia de Saúl importa cómo reaccionó el rey ante él.
Cuando las mujeres celebraron las victorias de ambos, Saúl se enojó al oír que atribuían a David más triunfos que a él. Desde entonces lo miró con recelo. Le arrojó una lanza y luego lo apartó de su presencia al ponerlo al mando de mil hombres. Más adelante, Saúl pidió como dote por su hija Mical cien prepucios de filisteos, esperando que David muriera en el intento (1 Samuel 18).
Jonatán, hijo de Saúl, había hecho un pacto con David y le había entregado su manto y sus armas. Después habló a su padre en favor de él. Saúl juró que no mataría a David, pero volvió a intentar herirlo con su lanza. En otra ocasión, cuando Jonatán defendió a su amigo, Saúl también le arrojó la lanza. Jonatán comprendió que su padre había resuelto matar a David y le ayudó a alejarse (1 Samuel 18–20).
Saúl siguió persiguiendo a David. En 1 Samuel 24 y 26 salió a buscarlo con tres mil hombres escogidos. En ambas ocasiones, David pudo matarlo y le perdonó la vida por ser el ungido de Jehová. Saúl reconoció su conducta y habló favorablemente a David, pero este permaneció lejos de su corte.
¿Qué dice el relato sobre el espíritu que atormentaba a Saúl?

1 Samuel 16:14 dice que el Espíritu de Jehová se apartó de Saúl y que lo atormentaba «un espíritu malo de parte de Jehová». Sus siervos propusieron buscar a alguien que tocara el arpa; así llegó David a su servicio. Cuando el espíritu venía sobre Saúl, David tocaba y el rey sentía alivio (1 Samuel 16:14–23). El pasaje no ofrece elementos para asignarle a Saúl un diagnóstico médico moderno.
La consulta de Saúl en Endor
Al final de su reinado, los filisteos acamparon en Sunem y Saúl reunió a Israel en Gilboa. Al ver al ejército enemigo, tuvo miedo. Según 1 Samuel 28:6, consultó a Jehová, pero no recibió respuesta ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas. Samuel ya había muerto, y Saúl había expulsado del país a los encantadores y adivinos.
A pesar de ello, Saúl pidió a sus siervos que buscaran a una mujer con espíritu de adivinación. Le indicaron que había una en Endor. El rey se disfrazó y fue a verla de noche con dos hombres. Le pidió que hiciera subir a Samuel; la mujer temió por su vida porque Saúl había prohibido esas prácticas, pero él le juró que no recibiría castigo (1 Samuel 28:7–11).

El relato dice que la mujer vio a Samuel. Cuando describió a un anciano cubierto con un manto, Saúl entendió que era él y se inclinó.
Samuel le recordó que Jehová había quitado el reino de sus manos para dárselo a David y vinculó ese juicio con lo ocurrido en la campaña contra Amalec.
También anunció la derrota de Israel y la muerte de Saúl y sus hijos al día siguiente. Saúl cayó al suelo, atemorizado y sin fuerzas; el texto añade que no había comido durante aquel día y aquella noche (1 Samuel 28:12–20). El pasaje narra la escena sin explicar cómo ocurrió la aparición.
1 Crónicas 10:13–14 ofrece después una evaluación del final de Saúl: menciona su desobediencia, que consultó a una adivina y que «no consultó a Jehová». Esa última frase debe leerse junto al dato de 1 Samuel 28:6, donde Saúl sí consulta y no recibe respuesta. Crónicas juzga el rumbo que tomó Saúl al acudir a la adivina; ninguno de los dos pasajes desarrolla una explicación explícita de la diferencia entre ambas formulaciones.
¿Cómo murió Saúl y qué ocurrió después?
Según 1 Samuel 31, Israel huyó ante los filisteos y muchos hombres cayeron en el monte Gilboa. Los filisteos mataron a tres hijos de Saúl: Jonatán, Abinadab y Malquisúa. Cuando la batalla arreció contra el rey, los flecheros lo alcanzaron y él les tuvo gran temor. Pidió a su escudero que lo atravesara con la espada para evitar que los filisteos lo mataran y se burlaran de él. El escudero se negó; entonces Saúl cayó sobre su propia espada. Al verlo muerto, el escudero hizo lo mismo.
Al día siguiente, los filisteos encontraron el cuerpo de Saúl, le cortaron la cabeza, tomaron sus armas y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sán. Los hombres de Jabes de Galaad, ciudad que Saúl había librado al comienzo de su reinado, viajaron de noche para recuperar su cuerpo y los de sus hijos. Los llevaron a Jabes, los quemaron, enterraron los huesos y ayunaron siete días (1 Samuel 31:8–13).
2 Samuel 1 recoge después el testimonio de un joven que se presentó ante David como amalecita. Dijo que había encontrado a Saúl apoyado en su lanza en Gilboa, que el rey le pidió que lo matara y que él lo hizo. También llevó a David la corona y el brazalete de Saúl. Su declaración difiere de la narración de 1 Samuel 31, donde Saúl cae sobre su propia espada; el pasaje no explica esa diferencia. David y sus hombres lloraron por Saúl y Jonatán, y David ordenó ejecutar al mensajero por haber afirmado que mató al ungido de Jehová.
El reino tampoco pasó de inmediato a David. Este fue ungido rey sobre Judá en Hebrón, mientras Is-boset, hijo de Saúl, fue establecido como rey sobre Israel. Hubo una guerra prolongada entre ambas casas antes de que David llegara a reinar sobre todo Israel (2 Samuel 2–5).
¿Qué lugar ocupa Saúl en la historia bíblica?
Saúl fue el primer rey de Israel. Con su elección comenzó una nueva etapa para un pueblo que hasta entonces había sido guiado por jueces y por Samuel. Su victoria en Jabes de Galaad mostró que podía reunir a las tribus frente a una amenaza común; sus campañas posteriores también forman parte del balance de su reinado. La Biblia, sin embargo, cuenta su historia atendiendo tanto a esas victorias como a su respuesta a las instrucciones que recibió.
La transición hacia David comenzó mientras Saúl todavía gobernaba. Jonatán, hijo del rey, le dijo a David que llegaría a reinar sobre Israel (1 Samuel 23:17). David no ocupó el trono inmediatamente después de la muerte de Saúl, pero el relato de ambos reinados queda unido por la pérdida de continuidad de la casa de Saúl y el ascenso de David.
1 Crónicas 10:13–14 vuelve sobre la muerte de Saúl y evalúa sus decisiones a la luz de su desobediencia y de la consulta a la adivina. Al cerrar su relato, afirma que el reino pasó a David. Así sitúa la vida de Saúl en un momento decisivo de la historia de Israel: el comienzo de la monarquía y el cambio de dinastía que siguió a su reinado.
¿Cuánto tiempo reinó Saúl?
Hechos 13:21 dice que Dios dio a Saúl como rey por cuarenta años. En cambio, 1 Samuel 13:1 presenta dificultades en las cifras transmitidas y aparece de forma distinta entre traducciones. Por eso no es prudente usar ese versículo para afirmar con seguridad qué edad tenía Saúl cuando comenzó a reinar.
¿Quiénes fueron los hijos de Saúl?
1 Samuel 14:49 nombra a Jonatán, Isúi y Malquisúa, además de sus hijas Merab y Mical. Entre los hijos que murieron en Gilboa, 1 Samuel 31:2 menciona a Jonatán, Abinadab y Malquisúa. Otro hijo, Is-boset, sobrevivió y fue establecido como rey sobre Israel después de la muerte de Saúl (2 Samuel 2:8).
¿El rey Saúl era el mismo Saulo de Tarso?
No. El rey Saúl vivió siglos antes que Saulo de Tarso, conocido como el apóstol Pablo. Ambos pertenecían a la tribu de Benjamín, según 1 Samuel 9:1–2 y Filipenses 3:5, pero eran personas distintas. La Biblia no afirma que Saulo de Tarso recibiera su nombre en honor al rey.
El peso de las decisiones de Saúl
Saúl comenzó su reinado con una elección, una victoria que reunió a Israel y la oportunidad de guiar al pueblo. Su historia no borra esos comienzos al contar las decisiones que vinieron después. En Gilgal y en la campaña contra Amalec, la presión de las circunstancias puso a prueba su respuesta a las instrucciones recibidas. Su recorrido invita a quien ejerce autoridad a preguntarse cómo escucha y actúa cuando obedecer resulta difícil.

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